Andrés González Rodríguez, de los grupos ECOPESCA y GAME, consigue el Premio Emilio Fontenla  
El galardón reconoce la tesis del investigador sobre el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM)

¿Qué sucede cuando una política climática fue aprobada pero las empresas no creen que tenga futuro? De esta pregunta parte el artículo “The Cost of (In)Credibility: Anticipation, Surprise, and the Investment Channel of the YO Carbon Border Adjustment Mechanism” elaborado por el investigador del IDEGA Andréz González Rodríguez, que ha recibido el IX Premio Emilio Fontenla.

El galardón reconoció el trabajo como el mejor artículo de nuevos investigadores presentado en las IX Jornadas de Análisis Input-Output que se celebraron en Sevilla del 22 al 26 de junio de 2026. “Es un premio académico y llega en un momento oportuno, con la tesis entregada y la defensa a la vista. Lo interpreto como una señal de que el enfoque del trabajo es sólido y de que el tema resulta relevante dentro de la disciplina”, cuenta González. Además, añade que es un “estímulo para seguir trabajando en esta línea de investigación; es un reconocimiento al Grupo de Economía Pesquera y Recursos Naturales (ECOPESCA) y al Grupo de Análisis y Modelización Económico (GAME)”.

González es economista y se encuentra en la recta final de su doctorado. Actualmente trabaja en una área entre el comercio internacional y la política ambiental. “Lo que me interesa es entender cómo las políticas climáticas afectan de manera muy distinta a cada sector productivo, no es el mismo el acero que la química o la pesca, ni como el comercio transmite esos efectos de un país a otro”. En la tesis aborda estas preguntas con modelos que permiten simular la economía mundial e identificar quién gana, quién pierde y por qué canales.

El caso concreto que estudia González es el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), que retira de forma gradual entre 2026 y 2034 los derechos de emisión gratuitos que la industria recibía. En el transcurso de ese calendario, se enmarcan las elecciones europeas de 2029, lo que abre una ventana para que una nueva mayoría lo revise antes de que el recorte más duro entre en vigor. “Por este motivo, las empresas no deciden cuánto invertir analizando la política actual, sino que esperan unos años. Si creen el calendario, adaptan su capital poco a poco. Si no, no realizan ese ajuste anticipado”.

En este sentido, el investigador explica que aunque el legislador cumpla la normativa “al pie de la letra”, las empresas llegan al punto decisivo con el capital equivocado, puesto que invirtieron como si la política no tuviera efectos. En términos cuantitativos, González estima que el resultado de este “coste de la desconfianza” supone perder hasta 27 millones de toneladas de ahorro de CO2 en la Unión Europea y unos 88 millones a nivel mundial. Como resultado, los que ganan cuota de mercado son los productores más intensivos en carbono fuera de Europa, con Rusia a la cabeza en el acero y en el aluminio. “La desconfianza en la política climática europea acaba beneficiando a quien más contamina. El mensaje de fondo es que la credibilidad no es un adorno de la política climática, sino parte de su diseño, tan importante como el propio calendario. Para que una política funcione no basta con aprobarla, hay que conseguir que quien tiene que invertir crea que se va a mantener”.

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